Trojes, El Paraíso. — En menos de 24 horas, la tierra volvió a moverse dos veces en la zona fronteriza de Trojes, generando preocupación entre los habitantes y recordando la fragilidad de un municipio que vive bajo múltiples amenazas naturales.
El primer sismo se registró el lunes por madrugada y el segundo la mañana de este martes, según datos preliminares del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (CENAOS). Aunque ambos fueron de magnitud leve, la repetición del fenómeno ha puesto en alerta a las comunidades más cercanas al epicentro.
Hasta el momento no se reportan daños materiales ni víctimas, pero el temor se ha hecho sentir entre los pobladores, especialmente en las aldeas donde muchas viviendas son de adobe o madera y no están preparadas para resistir movimientos sísmicos.
Trojes, además, enfrenta un contexto complejo: lluvias constantes, suelos inestables y deslizamientos frecuentes, factores que incrementan el riesgo de desastre ante un eventual sismo de mayor intensidad.
La combinación de amenazas naturales y limitada capacidad de respuesta institucional mantiene a la población en una situación de alta vulnerabilidad.
Autoridades locales y organismos de socorro mantienen el monitoreo permanente en la zona, mientras se recomienda a los habitantes mantener la calma, evitar permanecer cerca de estructuras dañadas y seguir las orientaciones de COPECO ante posibles réplicas.
Sin embargo, más allá de la emergencia, los recientes temblores reabren un debate que Honduras no puede seguir postergando: la falta de educación sísmica y preparación comunitaria, sobre todo en regiones apartadas donde la presencia del Estado es mínima.
En Trojes, la naturaleza se manifiesta con fuerza, y su mensaje parece claro: la prevención no puede esperar a la próxima sacudida.
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