Tegucigalpa, Honduras – A solo días de que se abran las urnas en el territorio nacional, la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) ha puesto en jaque la transparencia y la logística de las elecciones generales. El ministro de Energía y gerente interino de la ENEE, Erick Tejada, confirmó este miércoles que cerca de 700 centros de votación a nivel nacional permanecen sin servicio eléctrico, una falla crítica que dispara las alarmas sobre la seguridad y la integridad del proceso de conteo de votos.
La admisión es demoledora: aunque se logró reducir la cifra inicial de más de 1,200 sitios afectados, la persistencia de la oscuridad en cientos de centros genera una preocupación justificada sobre la capacidad del Consejo Nacional Electoral (CNE) para llevar a cabo una jornada eficiente y transparente.
La falta de energía en los centros de votación, especialmente en la fase de escrutinio, representa un riesgo directo a la transparencia. La oscuridad facilita el desorden, el retraso en la transmisión de datos y, en el peor escenario, abre la puerta a la manipulación de resultados, un fantasma que históricamente ha perseguido los procesos electorales hondureños.
Esta situación subraya la ineficiencia crónica de la ENEE. Es un reflejo de la desidia administrativa y la falta de inversión sostenida que, una vez más, tiene un impacto directo y negativo en un evento de trascendencia nacional. El problema no es solo la luz; es la falla sistémica en el mantenimiento y ampliación de las redes de distribución.
Protocolos de Emergencia, ¿Garantía o Parche?
El gerente interino Tejada intentó disipar la preocupación asegurando que la ENEE garantizará el suministro a través de la red principal y que se han establecido “protocolos adicionales”. Mencionó, por ejemplo, el resguardo de 56 subestaciones, 25 de las cuales son clave, como las líneas 441 y 442 en Olancho y la 515 en el Litoral Atlántico.
Sin embargo, estos protocolos de última hora no son una garantía, sino un parche de emergencia que expone la fragilidad de la red. La estabilidad eléctrica de una elección no puede depender de que “25 subestaciones clave no fallen,” sino de una infraestructura robusta y bien mantenida que no requiera operativos militares para funcionar.
La realidad es que, mientras los votantes y los miembros de las mesas electorales se preparan para la jornada, cientos de ellos lo harán bajo la amenaza de apagones que podrían comprometer la cadena de custodia del material electoral.
La ENEE debe rendir cuentas. La admisión de que más de 700 centros estarán a oscuras a pocas horas de la votación es una confesión de negligencia que no puede ser ignorada. El CNE debe exigir urgentemente a la ENEE no solo la restitución del servicio, sino también planes de respaldo concretos y transparentes (como la instalación de plantas de emergencia) en esos puntos críticos.
La estabilidad democrática de Honduras no puede depender de la precariedad de su red eléctrica. La jornada electoral es un termómetro para medir la verdadera capacidad y seriedad de las instituciones del Estado.
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