Semana Morazánica desnuda la estrategia turística de Nasry Asfura mientras hondureños cruzan la frontera

Semana Morazánica desnuda la estrategia turística de Nasry Asfura mientras hondureños cruzan la frontera

Tegucigalpa, Honduras. Calles con poco movimiento, destinos con una afluencia desigual y miles de hondureños buscando vacaciones fuera del país exponen el desafío de un Gobierno que promete impulsar el turismo, pero debe demostrar resultados más allá de las campañas publicitarias.

Honduras tiene playas, montañas, pueblos coloniales y una riqueza natural capaz de generar empleo y dinamizar las economías locales. Sin embargo, la Semana Morazánica 2026 volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿de qué sirve presumir tantos atractivos si el país no logra convencer a más hondureños de vacacionar dentro de sus propias fronteras?

Mientras el gobierno de Nasry Asfura promovía la campaña “Salí y Quédate en Honduras”, miles de ciudadanos optaron por cruzar la frontera para disfrutar del feriado en países vecinos como El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

Hasta el mediodía del 8 de octubre, El Salvador había registrado 43,449 controles migratorios de ciudadanos hondureños durante la Semana Morazánica, superando los 43,008 contabilizados durante todo el feriado de 2025. Estas cifras corresponden a controles, no necesariamente a personas únicas.

El movimiento reavivó la discusión después de las declaraciones del ministro de Turismo, Andrés Ehrler, sobre quienes decidieron vacacionar en el extranjero. Pero el problema no es que los hondureños viajen: es que las autoridades deben explicar qué está haciendo el país para competir por esos mismos visitantes.

Mucho paisaje, pero ¿a qué precio?

La administración de Asfura proyectó movilizar a 500,000 personas durante el feriado y generar una derrama económica de 600 millones de lempiras. Son estimaciones oficiales que deben contrastarse con los resultados finales.

La promoción turística es necesaria, pero no sustituye una estrategia que garantice precios competitivos, paquetes familiares, servicios de calidad, infraestructura y condiciones de seguridad.

En un país golpeado por el alto costo de vida, las familias calculan cuánto gastarán en transporte, alojamiento, alimentación y entretenimiento. La relación entre precio y calidad puede influir en sus decisiones, aunque hacen falta estudios para determinar cuánto pesan estos factores frente a otros motivos para viajar al extranjero.

No basta con invitar a los hondureños a quedarse si vacacionar en su propio país no resulta una opción accesible y competitiva para sus bolsillos.

Calles solas y playas a medio llenar: ¿dónde están los resultados?

Las imágenes de calles con poco movimiento y destinos con afluencia limitada contrastan con las expectativas anunciadas antes del feriado. Sin embargo, una fotografía no demuestra que el turismo nacional haya fracasado, pues la actividad puede variar considerablemente entre regiones.

Lo que corresponde exigir al Gobierno es transparencia: ¿cuántas personas se movilizaron realmente?, ¿se alcanzó la derrama económica proyectada?, ¿qué destinos recibieron más visitantes y cuáles quedaron por debajo de las expectativas?

También hacen falta cifras de ocupación hotelera, gasto promedio y beneficios para hoteles, restaurantes, transportistas y pequeños emprendedores.

Sin datos verificables, las proyecciones se quedan en anuncios y la ciudadanía no puede evaluar si la política turística está funcionando.

Honduras necesita competir, no reprochar

El Salvador, Guatemala y otros países de la región compiten por los viajeros mediante sus propias ofertas turísticas. Honduras también tiene recursos extraordinarios, desde Roatán y las playas de la costa norte hasta Copán Ruinas, el lago de Yojoa y sus pueblos históricos.

Pero convertir esa riqueza en desarrollo exige planificación, inversión, mejores servicios, seguridad y coordinación entre el Gobierno, las alcaldías y el sector privado.

La administración de Nasry Asfura debe demostrar que su estrategia va más allá de los eslóganes y que las proyecciones anunciadas se traducen en resultados medibles y oportunidades para las comunidades.

Honduras no carece de paraísos; lo que debe demostrar es que tiene una estrategia para convertirlos en destinos competitivos y accesibles.

La Semana Morazánica dejó una pregunta incómoda para el Gobierno: mientras miles de hondureños cruzan la frontera en busca de descanso, ¿qué está haciendo el país para darles razones concretas para quedarse?

La respuesta no está en cuestionar a quienes viajan, sino en ofrecer mejores condiciones, precios razonables y experiencias que conviertan la belleza nacional en bienestar para su gente.

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