Redacción Editorial: Primicia Honduras
Tegucigalpa, Honduras – La noche del martes 18 de noviembre de 2025 no es solo una derrota; es un golpe de realidad doloroso que nos despierta de una vez por todas. La Bicolor no logró ni el boleto directo, ni el repechaje. ¡Se acabó la agonía! Pero lo que queda no es tristeza, es una rabia justificada contra el sistema que ha condenado a nuestro fútbol al estancamiento y la vergüenza deportiva.
El problema no son solo los jugadores en la cancha con los pantalones cortos. El cáncer es profundo, estructural, y se llama corrupción, miopía y procesos nulos que tienen a nuestra Selección Nacional secuestrada por intereses que poco tienen que ver con el desarrollo deportivo.
Nuestro fútbol sigue creyendo en la magia y los milagros. El supuesto plan de desarrollo se reduce a encomendarse al talento innato de un muchacho que juega descalzo en un potrero, con la esperanza de que un club “grande” se fije en él para que alguien más haga el negocio.
Mientras países serios invierten en estructuras de ligas menores, en bases de datos científicas de rendimiento y en procesos unificados de formación desde los diez años, Honduras ofrece migajas. Nuestro modelo es arcaico: solo esperar que el talento explote solo para ver a quién se le vende. Este no es un proyecto de Selección, ¡es una vitrina comercial gestionada por gente que no sabe de fútbol!
LOS EMPRESARIOS DEL BALÓN
Aquí está el centro de la investigación: ¿Quién maneja el fútbol hondureño? La federación (FENAFUTH) se ha convertido en un feudo de “empresarios del fútbol” y caciques que ven el puesto como un medio para negociar contratos, patrocinios y traspasos, no para construir una visión nacional.
La falta de una estructura deportiva real es el fracaso de ellos. No hay una línea definida de trabajo, ni procesos estandarizados, y cada cuatro años se improvisa con un técnico que viene a apagar un incendio que ellos mismos provocaron.
La exigencia es clara: es hora de que estos señores den un paso al costado. El fútbol hondureño necesita a gente que sabe de fútbol, exjugadores con visión, directores deportivos probados y académicos del deporte, no a quienes ven el pisto antes que la camisa nacional.
Las demás selecciones crecen ¿Y Honduras?
La prueba de que el problema es de procesos y no de talento está en la región.
Costa Rica, aun eliminada, tiene una estructura de ligas menores y un modelo deportivo sólido que garantiza que siempre serán competitivos.
Panamá nos ha dado una humillante cátedra. Con un fútbol que históricamente fue catalogado de “menor,” hoy celebran su segunda Copa del Mundo. Ellos entendieron que con inversión, paciencia y una visión de proceso que trasciende a los directivos se puede llegar a la cúspide.
Hasta Nicaragua está mostrando un crecimiento sostenido, invirtiendo en infraestructura y profesionalización.
Mientras ellos avanzan, Honduras se queda estancada, viviendo de las glorias pasadas y de la corrupción presente.
La visión de país que se necesita incluye integrar a nuestros jugadores referentes, a quienes han jugado en grandes ligas y han estado en Mundiales. Su experiencia, su conocimiento de la alta competencia y su visión podrían ser invaluables para construir las bases. Pero en Honduras, no hay espacio para ellos. El barco está reservado solo para aquellos que no cuestionan las decisiones ni los negocios de la cúpula.
La eliminación de hoy es un fracaso deportivo, pero es un éxito para los cacicazgos que seguirán manejando el fútbol hondureño si no hay un cambio drástico. El grito de la afición, la rabia en las redes sociales, tiene que convertirse en una presión incontenible para exigir una reestructuración total de FENAFUTH.
¡Es hora de sacar a los comerciantes y poner a los que saben!
Primicia Honduras Diario Digital de Honduras 