Mayra se fue, pero dejó una lección: la otra cara del periodismo en Honduras

Mayra se fue, pero dejó una lección: la otra cara del periodismo en Honduras

Editorial | Primicia Honduras

Con el consentimiento de personas cercanas y en memoria de Mayra Tercero, compartimos esta reflexión, no como una denuncia individual, sino como un llamado urgente a la conciencia colectiva.

Apenas tenía 31 años. Con carisma, disciplina y pasión, Mayra se ganó el cariño del público hondureño frente a las cámaras. Pero su partida inesperada —confirmada el domingo 13 de julio por amistades y familiares— nos deja algo más que luto: nos deja preguntas, nos deja reflexiones… nos deja verdades que casi nadie cuenta.

Mayra, como muchos comunicadores en Honduras, no era una figura inalcanzable. Era una joven trabajadora, hija, amiga, soñadora, estudiante, bailarina… Y como tantos en los medios, detrás de su sonrisa también cargaba jornadas largas, presiones de rating, horarios inciertos, sueldos limitados y, a veces, poca estabilidad laboral.

Esta no es una crítica a su labor ni a sus empleadores. Es un llamado a mirar más allá del lente, a comprender que el trabajo del comunicador no es solo tener presencia, sino también resistir. Resistir en un entorno donde la vocación choca con el cansancio, donde la entrega no siempre se corresponde con derechos laborales mínimos, y donde —muy a menudo— los rostros visibles también enfrentan sus propias luchas en silencio.

“Mayra era de las que madrugaban, que viajaban, que daban todo sin quejarse. A veces uno solo ve la imagen en pantalla, pero no imagina lo que hay detrás”, compartió un amigo suyo, bajo anonimato, a Primicia Honduras.

La realidad que no se ve en pantalla

En Honduras, decenas de periodistas, camarógrafos, presentadores, editores y técnicos trabajan día a día sin seguro social, sin estabilidad y con salarios que no siempre compensan la entrega. Las cámaras no muestran que también tienen hijos, padres que mantener, enfermedades que afrontar o sueños que han tenido que posponer.

El fallecimiento de Mayra ha conmocionado a miles, pero también pone el foco en una verdad incómoda: el mundo de los medios no es glamoroso para todos. Y a veces, tras la fama, se esconde precariedad.

“Muchos comunicadores sufren en silencio, pero siguen trabajando porque aman lo que hacen. No por fama, sino por compromiso”, explica una psicóloga en temas laborales, quien trabaja con profesionales del rubro periodístico en el país.

¿Y qué hay del respeto?

Este momento también exige una autocrítica al ecosistema digital. La forma en que se viralizó la muerte de “La Colocha” como cariñosamente se le conocía a Mayra, el uso masivo de su imagen, incluso la exposición de su sepelio, son parte de una cultura del impacto que desconoce límites entre lo informativo y lo invasivo.

No se trata de censurar, sino de invitar a la mesura. A preguntarnos: ¿y si fuera mi hermana? ¿Y si fuera mi hija? ¿Querría ver su nombre convertido en tendencia por dolor?

En este contexto, urge una reflexión colectiva. El periodismo no puede seguir atado al modelo de la viralidad sin conciencia. Es tiempo de revalorar el oficio como un pilar de la democracia, la empatía y la verdad.

Y si el periodista ha perdido su rumbo, es responsabilidad de los medios, de las universidades, del Estado y también del público ayudarle a recuperarlo.

“Las redes no son enemigas. Pero si el periodista no tiene criterios firmes, se vuelve esclavo de ellas. Y el periodismo no se construye con likes, se construye con verdad”, remata un experto hondureño en comunicación digital, quien prefirió omitir su nombre.

Un homenaje con propósito

Primicia Honduras no busca romantizar la profesión ni victimizar al gremio. Pero sí honrar con honestidad a una joven que, como tantos otros, dio más de lo que recibió. Que soñó con crecer, con estudiar, con vivir. Y que, como muchos colegas suyos, se entregó a su oficio sin condiciones, sin garantías, sin redes que amortiguaran la caída.

Hoy, mientras Honduras la despide, también debemos abrazar esa otra conversación: la del bienestar de quienes trabajan para mantenernos informados.

Mayra no era solo “la presentadora de TV carismática”. Era una mujer completa. Y si algo debe quedarnos tras su partida, es que detrás de cada rostro en televisión hay una historia que merece ser contada con respeto, dignidad y verdad.

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