La Policía Nacional hondureña anunció este lunes un nuevo despliegue de la recién creada División Anti Extorsión y Asociaciones Terroristas (DAET) en buses, terminales y rutas estratégicas de la capital.
La medida viene a generar tranquilidad entre usuarios del transporte público, pero también revive una pregunta recurrente entre la ciudadanía: ¿cómo convertir estos operativos en una sensación permanente de seguridad?
La estrategia contempla patrullajes motorizados en corredores de transporte, presencia policial dentro de buses urbanos e interurbanos y vigilancia permanente en terminales y puntos considerados vulnerables.
Las acciones también incluyen labores de inteligencia e investigación dirigidas a combatir delitos como la extorsión, los robos y los asaltos armados.
Sobre el papel, la medida responde a una de las principales preocupaciones de la población: la inseguridad.
Sin embargo, entre pasajeros, conductores y comerciantes surge una reflexión que va más allá del operativo anunciado.
La tranquilidad que llega… y luego desaparece
Los hondureños han visto durante años este tipo de despliegues en numerosas ocasiones. Generalmente aparecen después de hechos violentos, denuncias ciudadanas o incrementos en determinados delitos.
Durante varios días la presencia policial se vuelve visible. Las patrullas recorren las calles, los agentes suben a los autobuses y la ciudadanía percibe un mayor control.
El problema surge después. Cuando los operativos concluyen, cuando los retenes desaparecen; y cuando muchos ciudadanos sienten que la delincuencia continúa presente mientras la vigilancia vuelve a disminuir.
No se trata de cuestionar la importancia de los operativos, ya que la mayoría de la población los considera necesarios.
La discusión gira alrededor de otra realidad: la necesidad de que la seguridad se perciba como una política permanente y no únicamente como una respuesta temporal.
La seguridad que la gente realmente espera
La percepción ciudadana de seguridad no se construye únicamente con anuncios institucionales. Se construye cuando una persona puede abordar un autobús sin temor.
Cuando un conductor puede realizar su ruta sin sentirse vulnerable. Y cuando un trabajador puede regresar a casa sin la incertidumbre de convertirse en una víctima más de la delincuencia.
Ese es precisamente el desafío que enfrentan las autoridades. Porque combatir la criminalidad implica capturas, investigación y operativos. Pero también implica generar confianza sostenida.
Una confianza que sobreviva incluso cuando los despliegues extraordinarios dejan de ser noticia.
El reto pendiente
La iniciativa de la DAET representa una respuesta concreta frente a delitos que afectan diariamente a miles de hondureños.
Pero también deja abierta una conversación que sigue vigente en las calles. La delincuencia no actúa únicamente durante algunos días.
Tampoco descansa cuando terminan los operativos. Y por eso una parte de la ciudadanía continúa preguntándose si la seguridad que hoy se siente en terminales y unidades de transporte seguirá presente dentro de una semana, un mes o varios meses más.
La presencia policial genera tranquilidad y eso es una realidad. Pero la verdadera prueba para cualquier estrategia de seguridad no ocurre el día que inicia un operativo.
Ocurre después. Cuando los agentes dejan de ser noticia y los ciudadanos continúan enfrentando la misma rutina de siempre.
Porque para miles de hondureños, la seguridad no debería sentirse como una medida extraordinaria. Debería sentirse como parte normal de la vida cotidiana.
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