Más de 800 migrantes hondureños iniciaron la noche del lunes una tercera caravana con la idea de cruzar Guatemala y llegar a Estados Unidos (EEUU).
Los inmigrantes, entre ellos niños, mujeres y adultos mayores, abandonan Honduras aduciendo la falta de trabajo e inseguridad del país.
Pese a que estaba previsto que salieran este martes, los migrantes hondureños decidieron salir este mismo lunes desde la ciudad de San Pedro Sula, norte del país, con rumbo hacia la frontera con Guatemala.
Las autoridades hondureñas han pedido a los inmigrantes desistir de su pretensión de salir del país con la idea de llegar a Estados Unidos, pero no han tenido un resultado positivo.
La nueva caravana pretende cruzar Guatemala hasta llegar a la frontera entre México y Estados Unidos, indicó Rosa Hernández, una de los integrantes de la caminata, que dijo que viajaba con un hijo y una amiga.
Las autoridades hondureñas han pedido a los inmigrantes desistir de su pretensión de salir del país con la idea de llegar a Estados Unidos, pero no han tenido un resultado positivo.
El embajador de Honduras, en México, Alden Rivera, advirtió que emprender una nueva caravana hacia los Estados Unidos como la anunciada para mañana “es una locura”.
De esa manera, el diplomático trató de disuadir a los compatriotas que supuestamente saldrán mañana por la tarde desde una terminal de buses de San Pedro Sula, rumbo a la Unión Americana.
“Yo les pido de corazón, como hermano hondureño, que analicen lo que les sucede a los miembros de la primera caravana”, agregó.
“Esa primera caravana significó dolor y pena para miles de familias hondureñas, tenemos 11 ciudadanos muertos y el 50% de la población en albergues, padeciendo enfermedades respiratorias”, dijo.
También casi todos los menores de edad enfrentan graves problemas gastrointestinales e incluso un brote de varicela se propagó en algún momento en el albergue, pero se logró controlar, sostuvo.
El recorrido desde Tapachula hasta Tijuana, es más de 2,000 millas, las que tuvieron que cubrir los compatriotas, pero fueron tres semanas de sufrimiento, expresó.
Dormían en las calles y con temperaturas extremadamente bajas, nada comparables con las que se registran en Honduras, detalló.