En Honduras sube la gasolina y sube todo; cuando baja, el costo de vida no

Opinión | Primicia Honduras

Cada vez que el precio del combustible aumenta en Honduras, el efecto se siente casi de inmediato en la economía.

Sube la gasolina y, poco después, sube el transporte. Sube el transporte y aumentan los costos de distribución.

Luego aparecen los ajustes en alimentos, servicios y productos básicos.

El argumento suele repetirse: el aumento del combustible obliga a subir los precios.

Esta semana la gasolina superior vuelve a superar los 113 lempiras por galón, en un contexto donde las autoridades explican que el incremento responde al comportamiento del mercado internacional del petróleo y a tensiones geopolíticas, especialmente en regiones productoras como Medio Oriente. Es una explicación válida.

Honduras importa prácticamente la totalidad del combustible que consume, lo que convierte al país en un receptor directo de las fluctuaciones del mercado petrolero mundial.

Pero el verdadero problema económico aparece después.

Cuando el precio del combustible se estabiliza o incluso baja, los precios que subieron rara vez regresan a su nivel anterior.

  • El transporte mantiene las tarifas.
  • Los alimentos no reducen su costo.
  • Los productos que subieron se quedan arriba.

En otras palabras, el combustible sube rápido… y los precios también. Pero cuando el combustible baja, el alivio casi nunca llega al consumidor.

Economistas coinciden de que este fenómeno responde a varios factores: estructuras de mercado poco competitivas, falta de regulación efectiva en ciertos sectores y una economía donde muchos ajustes se trasladan con rapidez al consumidor, pero pocas veces se corrigen hacia abajo.

El resultado es un efecto acumulativo. Cada aumento deja una marca permanente en el costo de vida.

Y en un país donde gran parte de la población vive con ingresos limitados, ese efecto acumulado termina convirtiéndose en una presión constante sobre el bolsillo del ciudadano.

Por eso el debate no debería limitarse a explicar por qué sube el combustible.

La discusión pendiente es otra: cómo evitar que cada aumento se convierta en un nuevo escalón permanente en el costo de vida.

Porque en la economía cotidiana de Honduras, el combustible puede bajar. Pero los precios casi nunca lo hacen.

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