Redacción: Primicia Honduras
La goleada 6–0 sufrida ante Canadá en el arranque de la Copa Oro no fue solo una derrota. Fue una humillación nacional que refleja, con brutal claridad, el estado actual del fútbol hondureño: sin rumbo, sin alma, sin identidad. Lo de anoche no fue un accidente futbolístico, fue el retrato fiel de una estructura viciada, mediocre y, peor aún, conformista.
Porque aquí no basta con culpar al técnico. Reinaldo Rueda, con toda su experiencia, parece atrapado en un entorno donde las decisiones se toman desde escritorios y no desde la lógica futbolística. ¿Está siendo manipulado? ¿Qué margen real tiene para construir un verdadero proceso? La respuesta, tristemente, parece clara: poco o ninguno.
Una Selección vacía de garra, sin alma ni liderazgo
¿Qué está pasando con los jugadores que se ponen la camisa de la H? ¿Dónde quedó ese orgullo de representar a cinco estrellas en el pecho? Lo de anoche no fue falta de táctica, fue falta de carácter, de entrega, de garra catracha. Una camiseta histórica que hoy luce arrugada por la falta de compromiso y profesionalismo.
Lo más alarmante no es perder, sino no competir, no pelear, no molestar al rival, no incomodar. Durante los 90 minutos contra Canadá, Honduras ni siquiera metió las manos. Y no es la primera vez. Ya es tendencia. La Selección se ha convertido en sinónimo de decepción, de una camiseta que pesa más de lo que inspira.
Y esto es el reflejo de años de mala gestión: procesos a medias, convocatorias sin méritos, jugadores que van por nombre y no por rendimiento, entrenamientos más turísticos que tácticos. Incluso en partidos clave, la Selección llega sin concentración, sin ritmo, sin hambre.
Mientras tanto, otros países del área están invirtiendo en la mentalidad de sus futbolistas, en la psicología deportiva, en la disciplina táctica. Nosotros seguimos creyendo que con gritar “garra catracha” antes del partido es suficiente. Pero la garra ya no aparece. Se perdió en la confusión de un sistema que no exige, no selecciona bien y no castiga la mediocridad.
¿Qué hacen otras selecciones que nosotros no?
Basta mirar a selecciones como Argentina, México, Brasil, España o Estados Unidos para entender por qué su camiseta pesa distinto. Cuando esos jugadores se ponen la casaca nacional, se parten el alma, pelean cada balón como si fuera el último. No siempre ganan, pero siempre compiten. ¿Por qué? Porque detrás de ellos hay estructuras serias, procesos deportivos de verdad, federaciones que protegen y respaldan a sus seleccionados.
Si un jugador se lesiona en concentración, su federación responde. Si necesita rehabilitación, se le da el mejor equipo médico. Si no rinde, se le exige o se le deja fuera. Hay orden, hay meritocracia, hay planificación. ¿Y en Honduras? ¿Hace lo mismo nuestra Federación? ¿O solo ve a los jugadores como fichas para comercializar, exponer y usar como vitrina?
La H no puede seguir siendo un proyecto turístico donde se premia la mediocridad con convocatorias. No puede ser un premio a los amigos del directivo de turno o a quienes están en las argollas del fútbol hondureño. Debe ser un honor, una responsabilidad y una exigencia máxima. Y eso comienza con cambiar el enfoque desde la cúpula.
Jugadores “agrandados” y una Liga Nacional sin identidad
Otra parte del problema es una prensa deportiva que, muchas veces, agranda a futbolistas que no han demostrado nada en la cancha. Se celebra un pase, se glorifica un gol casual, se crea una figura en redes… pero a la hora de los verdaderos compromisos, desaparecen. Venden humo. Y el humo, al final, ahoga la verdad.
La prensa hondureña también debe asumir su rol como vigilante del proceso, no como animadora de ilusiones vacías. Es hora de dejar de maquillar la realidad y empezar a exigir rendimientos reales, actitudes responsables y amor verdadero por la camiseta nacional.
Asimismo, los equipos de la Liga Nacional se han convertido, en su mayoría, en vitrinas para la venta fácil. En lugar de formar jugadores con identidad, pasión y disciplina, los clubes apuestan por lo rápido, por lo que deje comisión, por las “argollas” que dominan el mercado interno. Se ha perdido la esencia.
Es urgente que la Liga Nacional deje de ser un negocio de corto plazo y se transforme en una verdadera plataforma de alto rendimiento. Se necesita infraestructura seria, procesos juveniles sólidos y, sobre todo, un requisito innegociable: profesionalismo real en cada uno de sus participantes.
¿Estamos preparados para lo que se viene?
La gran pregunta: ¿está la Federación y la Liga preparados para levantar esto? Porque no se trata solo de clasificar al Mundial United 2026, se trata de reconstruir el espíritu de un país que aún vibra con el fútbol… pero que cada vez cree menos en su Selección.
Lo de ayer debe doler, porque el que no se duele, no cambia. El que justifica, repite errores. Y el que calla, se vuelve cómplice.
Ya basta de excusas. Honduras no merece una Selección que camina en lugar de correr, que agacha la cabeza en lugar de pelear, que olvida el peso histórico de su camiseta.
La “H” no es un simple logo. Es un símbolo.
Y ya es tiempo de volver a respetarlo.
Primicia Honduras Diario Digital de Honduras 