Día de la Bandera en Honduras: un símbolo de todos atrapado en la disputa de los gobiernos de turno

Día de la Bandera en Honduras: un símbolo de todos atrapado en la disputa de los gobiernos de turno

Este 1 de septiembre Honduras vuelve a rendir homenaje a uno de sus principales símbolos nacionales. Pero en un país donde la política ha penetrado prácticamente todos los espacios de la vida pública, hasta los colores de la bandera han terminado convertidos en códigos de confrontación. La pregunta es incómoda: ¿en qué momento dejamos de verla como patrimonio de todos?

TEGUCIGALPA, Honduras. Azul y blanco deberían bastar para recordar una sola cosa: Honduras. Sin embargo, en medio de la creciente confrontación política, esos mismos colores también han comenzado a ser utilizados para identificar posiciones, gobiernos, movimientos y simpatías.

Y ahí aparece una contradicción que este Día de la Bandera Nacional obliga a mirar: ¿Cómo puede un símbolo creado para representar a todo un país terminar atrapado en una disputa que divide a sus propios ciudadanos?

Una bandera no pertenece al gobierno de turno

La Bandera Nacional no pertenece a un presidente, a un partido ni a una corriente política. Es uno de los símbolos nacionales reconocidos por la Constitución hondureña.

Su historia, además, antecede por mucho a la actual disputa.

El pabellón hondureño tiene sus raíces en la antigua Federación Centroamericana. Sus cinco estrellas representan a los países que formaron aquella unión y mantienen desde su origen una idea que hoy parece especialmente necesaria: la integración.

El azul y el blanco tampoco nacieron para representar posiciones partidarias. Son parte de la identidad nacional.

El problema no es el color

Durante años Honduras también ha discutido sobre la tonalidad correcta del azul de su bandera. La legislación estableció el azul turquesa, aunque históricamente se utilizaron distintas tonalidades.

Pero el debate actual es más profundo. El problema comienza cuando un hondureño mira una bandera y, antes de reconocer al país, identifica a un partido político.

Cuando un color se convierte en una señal de pertenencia política, un símbolo que debería ser común empieza a fragmentarse. Y Honduras ya tiene suficientes divisiones como para agregar una más.

Cuando la identidad se vuelve política

La confrontación política ha terminado alcanzando espacios que deberían permanecer por encima de ella.

La bandera aparece en actos oficiales, concentraciones partidarias, discursos, redes sociales y celebraciones públicas. Su presencia en estos escenarios no constituye por sí misma un problema.

La dificultad aparece cuando el símbolo deja de percibirse como patrimonio común y comienza a utilizarse como una extensión de las identidades políticas. Entonces ya no se discute solamente sobre una bandera.

Se discute sobre quién tiene derecho a representarla. Y esa diferencia importa.

Porque Honduras no pertenece a quienes gobiernan hoy. Tampoco a quienes gobernaron ayer. Mucho menos a un partido.

El Día de la Bandera debería servir precisamente para recordar ese límite. Los símbolos nacionales están por encima de las administraciones y de los ciclos electorales. Su significado no debería cambiar cada cuatro años.

Un gobierno puede cambiar. Los partidos pueden alternarse en el poder y las posiciones políticas pueden transformarse; pero la identidad nacional permanece.

Por eso, devolverle a la bandera su carácter común no significa quitarle espacio a nadie.

Significa impedir que la política termine apropiándose de aquello que pertenece a todos.

Una pregunta para este 1 de septiembre: Honduras llega a esta fecha con una sociedad que continúa discutiendo y dividiéndose alrededor de la política.

Pero hay algo que debería ser más sencillo; Y es que cuando se iza la bandera, no debería importar quién está en el poder.

Cuando se entonan las notas del Himno Nacional, no debería importar qué partido representa cada ciudadano. Y cuando las cinco estrellas aparecen sobre el azul, ninguna debería necesitar una etiqueta política para explicar lo que representa.

Es Honduras. Quizá ese sea el verdadero mensaje de este 1 de septiembre; pues no necesitamos escoger entre colores políticos para sentirnos hondureños. La bandera no tiene partido. Tiene un país.

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