¿Cuántos años tiene? Le pregunté, y de inmediato, seguida de una carcajada ella respondió: “muchos”.
Así rompimos el hielo para dar paso a nuestra charla con la auxiliar de enfermería Marta Gladys Castañeda.
Esta “Dama de Blanco”, por el impecable y enceguecedor color de su traje, que hoy asiste a los pacientes y dermatólogos en la consulta externa, comenzó su historia en el área de la salud con apenas 17 años de edad.
Este 12 de mayo se celebra el Día de la Enfermera, se recuerda el nacimiento de Florence Nightingale, a quien se le atribuye ser la pionera de la enfermería moderna.
“Me gradué del Centro Nacional de Adiestramiento de Recursos Humanos y me trasladé al caserío del Jicarito, en Francisco Morazan. Con 15 comunidades de influencia ahí le hacía de todo, daba medicina simplicidad, daba recetas, de aseadora, de partera… ¡uuf! – Exclamó- todo por una salario de 595 lempiras al mes”, prosiguió.
A 31 kilómetros al oriente de la capital, Marta Gladys trabajó desde 1972 a 1987, después sus pasos de pulcro calzado, la encaminaron al Centro de Salud del Manchen y los Pinos, preámbulo de uno de sus sueños: servir a los pacientes en el hospital público más grande de Honduras.
40 años de trabajo
Castañeda, aún con emoción después de cuatro décadas como auxiliar, su memoria hace el viaje a inicios de los años 90.
“Comencé trabajando en el archivo del Hospital Escuela después ya como enfermera Odontología me absorbió, con los años pase a la consulta externa de Ginecología y ahora en Dermatología”, dijo.
En ese momento la interrumpí para provocar que saliese de esa especie de “trance” y le pregunté: ¿Qué es este hospital para usted? Me vio y sin titubear expresó:
“Para mí ha sido una escuela, una base de enseñanza para profesionalizarme más y gracias a ello y mi esfuerzo profesionalicé a mis cuatro hijos; a pesar de ser madre soltera porque sabía que Honduras necesita gente que estudie”.
Tuvimos que hacer un alto en la plática, Marta Gladys debía comenzar su jornada en el turno “A” a las 6:00 de la mañana organizando a más de 40 pacientes que los dermatólogos habían citado.
Seis horas después y tras haber preparado material quirúrgico a la hora de su almuerzo retomamos la plática y lancé una pregunta que estaba obligado a plantear: ¿Es cierto lo que dicen algunos pacientes que las enfermeras son amargadas y mal encaradas?
Sin perder la compostura respondió:
“Yo estudié esta noble carrera para ayudar al prójimo no por un salario; sé que algunos trabajadores son indiferentes al dolor humano, que no lo hacen por vocación. Pero la enfermera debe tener sensibilidad humana, debemos servir al paciente por amor no por dinero”.
Retiro
Su retiro ocurrirá el próximo año. Pero Marta Gladys no se resignará a cuidar de sus 7 nietos o a que sus huesos se entumezcan; quiere recorrer el país, pero no sola.
“Yo pienso ir a bailar con los jóvenes, ja, ja, ja de INJUPEMP, me pondré el disfraz y bailar; si me encierro en la casa más rápido paso al más allá”, aseguró.
Con ese anhelo lleno de jocosidad acabamos y conocí más que a la enfermera. A una mujer con espíritu emprendedor y gran don de servicio.
Por: Miguel Osorio, RRPP, de HEU.