En Tegucigalpa, abrir la llave ya no es una certeza, es una espera. El anuncio de racionamientos cada cinco días por parte de las autoridades municipales confirma lo que miles de familias viven desde hace tiempo: el acceso al agua dejó de ser un servicio constante para convertirse en un turno asignado.
El gerente de la Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS), Gustavo Boquín, informó este martes que la capital enfrentará un verano difícil con racionamientos extensos debido al retraso de las lluvias hasta finales de junio.
Pero detrás de la medida hay una realidad más profunda que no suele discutirse. Honduras no es un país seco. La capital no enfrenta un desierto. Entonces, ¿por qué el agua no alcanza?
La respuesta apunta menos al clima y más a la forma en que se ha gestionado el recurso durante años.
Las fuentes que abastecen la ciudad siguen siendo prácticamente las mismas, mientras la población crece y la demanda aumenta. No ha habido un salto estructural que garantice el suministro a largo plazo.
A esto se suma el deterioro de las cuencas. La tala, los incendios y la expansión urbana han debilitado las zonas que alimentan las represas. Menos cobertura forestal significa menos capacidad de retener agua, incluso en temporadas de lluvia.
Pero hay un dato aún más crítico: gran parte del agua se pierde antes de llegar a los hogares.
Fugas, redes obsoletas y conexiones irregulares convierten el sistema en uno ineficiente. En la práctica, una porción significativa del agua disponible nunca llega a las familias que la necesitan.
Ante ese escenario, el racionamiento se ha convertido en la respuesta más recurrente. No soluciona el problema, solo lo reparte, pero se distribuye la escasez.
La crisis que es negocio
Mientras tanto, en muchos barrios, la única alternativa es comprar agua. Los camiones cisterna aparecen donde la red falla, y con ellos, un costo adicional que no todos pueden asumir.
Así, el acceso al agua empieza a depender del bolsillo. Y lo más preocupante es que este escenario no es nuevo. Durante años se ha advertido sobre la necesidad de nuevas fuentes, mejor infraestructura y protección de las cuencas. Sin embargo, las decisiones han sido lentas o inexistentes.
Hoy Tegucigalpa enfrenta racionamientos cada cinco días. Pero el problema no empezó ahora. Es el resultado de años sin planificación, sin inversión suficiente y sin una estrategia clara para asegurar el agua en el futuro.
Porque cuando una ciudad depende de turnos para acceder a un recurso básico, la crisis ya no es temporal… es consecuencia de lo que no se hizo a tiempo.
