Agrobosques en marcha: ¿prioridad para zonas deforestadas o escaparate verde?

Agrobosques en marcha: ¿prioridad para zonas deforestadas o escaparate verde?

Por: Primicia Honduras

El anuncio fue contundente: 30 millones de plantas, una inversión superior a los 460 millones de lempiras y la promesa de reverdecer Honduras a través del ambicioso Proyecto Presidencial Agrobosques, impulsado por el gobierno de la presidenta Xiomara Castro.

Pero más allá del acto oficial y los números prometedores, la pregunta clave sigue sin respuesta clara: ¿se está sembrando donde realmente hace falta?.

Una apuesta que exige visión

El plan, liderado por el Instituto de Conservación Forestal (ICF), busca implementar sistemas agroforestales modernos en 11 departamentos cafetaleros, desde Copán hasta El Paraíso. Los cinco megaviveros —ubicados en Copán, Yoro, Francisco Morazán, Comayagua y Olancho— producirán árboles maderables, frutales y café con tecnología semiautomatizada biodegradable.

Hasta ahí, todo parece innovador. Pero especialistas y organizaciones ambientales advierten que la siembra debe ir más allá del café y los cultivos de mercado. “No se trata solo de plantar árboles —afirma un técnico forestal consultado por Primicia Honduras—, se trata de sembrar en las zonas que más lo necesitan: las que ya no tienen sombra, ni agua, ni vida forestal que resista una sequía más”.

¿Se está dejando de lado las zonas realmente críticas?

En Honduras, más de 2 millones de hectáreas están degradadas. Muchas enfrentan crisis hídricas, incendios recurrentes y pérdida de biodiversidad. Sin embargo, el proyecto prioriza zonas productivas, como áreas cafetaleras, que si bien impulsan la economía rural, no siempre coinciden con las zonas más castigadas por la deforestación.

Esta falta de enfoque estratégico no es exclusiva de Honduras, pero otros países han comenzado a hacer las cosas diferente. En Costa Rica, por ejemplo, los planes de restauración forestal incluyen zonas degradadas identificadas por mapas de riesgo hídrico, y se trabaja con comunidades para crear corredores biológicos entre reservas naturales. En Colombia, iniciativas de agroforestería también han priorizado áreas de posconflicto, donde la deforestación fue parte del daño colateral.

Honduras, con su enorme biodiversidad en retroceso, necesita mirar más allá de los viveros y responder con urgencia donde la sequía, la erosión y el abandono avanzan más rápido que los anuncios oficiales.

Según cifras gubernamentales, el proyecto promete aumentar en un 70% los rendimientos del café, reducir los costos de producción en un 8% y generar un ingreso adicional de 2,500 millones de lempiras al sector cafetalero. También se espera conservar al menos 5,600 hectáreas de tierra mediante la tecnificación y el uso de sustratos biodegradables.

Pero como ha ocurrido en el pasado con otros programas, la falta de seguimiento técnico, control social y monitoreo ambiental puede convertir una buena idea en una frustración nacional.

¿Está preparado el Estado para sostener este megaproyecto?

Esa es la gran pregunta. Porque producir árboles no es lo mismo que restaurar un bosque. Se necesita personal capacitado, recursos constantes, gestión interinstitucional, y sobre todo, voluntad política para mantener el esfuerzo más allá del titular o la administración actual.

Y eso no se logra solo desde los ministerios. Las comunidades deben ser parte activa del proceso, no solo receptoras de plantas. Deben formarse, organizarse y liderar procesos que trasciendan la siembra y aseguren la permanencia del bosque.

Agrobosques puede ser un paso importante, pero solo si se convierte en un proyecto con raíces profundas y ramas amplias: ecológicas, sociales y económicas.

Honduras necesita árboles, sí. Pero más que eso, necesita políticas con rumbo, proyectos con enfoque técnico y social, y un compromiso genuino con restaurar lo perdido, no solo reforestar lo productivo.

¿Será esta la Honduras que reverdece o solo otro programa que se seca con el tiempo?

La respuesta, como en toda siembra, dependerá del riego, el cuidado y la vigilancia de quienes hoy plantan, pero sobre todo de quienes mañana tendrán que vivir bajo su sombra.

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